Por: Mario Holguín
Durante seis años, el gobierno de Luis Abinader ha tenido tiempo suficiente para gobernar, decidir y corregir. Sin embargo, cuando los resultados no han estado a la altura de las expectativas, la explicación oficial ha mirado demasiadas veces hacia el pasado y hacia la oposición.
Ese argumento ya no resiste el paso del tiempo.
Un gobierno que lleva seis años en el poder no puede seguir gobernando con excusas. Los ciudadanos no viven de explicaciones. Viven de servicios públicos, seguridad, transporte, salud, educación, empleos dignos y soluciones.
Ahora, cuando se acerca el final del mandato, aparece la necesidad de construir otro relato. El relato del legado.
Pero el legado no se fabrica con propaganda política. Se construye con resultados.
Y ahí está el problema para el gobierno.
Los dominicanos tendrán que decidir si esos seis años dejaron un país mejor, instituciones más eficientes y servicios públicos capaces de responder a las necesidades de la gente, o si dejaron promesas, anuncios y problemas que siguen esperando solución.
La oposición tiene una responsabilidad histórica frente al 2028. Desmontar el nuevo relato oficial con datos, hechos y resultados. Recordarle al país lo que se prometió, lo que se ejecutó y, sobre todo, lo que quedó pendiente.
Porque Abinader no estará en la boleta presidencial de 2028, pero su gobierno sí estará en el debate electoral.
Su administración será parte de la campaña. Sus decisiones serán examinadas. Sus promesas serán comparadas con sus resultados. Y sus seis años serán utilizados como argumento para pedirle al pueblo dominicano que decida si quiere continuidad o cambio.
El gobierno puede intentar reescribir su historia en los últimos meses, pero la ciudadanía ya tiene memoria.
El problema no es cómo Abinader quiere que se recuerde su gobierno.
El problema es cómo lo recordará el pueblo.
Si el balance final no corresponde al relato que ahora se intenta construir, el supuesto legado puede convertirse en todo lo contrario.
Un legado de arena.
Y la arena, cuando llega la ola electoral del 2028, no sostiene ningún edificio político.






