La antorcha del liderazgo

0
Screenshot


Por: Mario Holguín 

En política, las grandes transiciones no siempre ocurren con estruendo. Algunas se producen silenciosamente, cuando una generación entrega el relevo a otra. Eso fue, a mi juicio, lo que ocurrió en la República Dominicana en 1996.

 

Dos años antes, Leonel Fernández había acompañado al profesor Juan Bosch como candidato vicepresidencial, un total desconocido, como muchas veces lo ha afirmado en enecdotas. Era un dirigente brillante, respetado dentro de su partido, pero todavía distante de la dimensión de liderazgo nacional que exigía la Presidencia de la República. Su verdadero nacimiento como líder de alcance nacional se produjo cuando conquistó el poder mediante el voto popular en la histórica segunda vuelta de 1996.

 

Aquella elección representó mucho más que la victoria de un partido. Marcó el cierre de un largo ciclo dominado por dos gigantes de la política nacional, representada por Juan Bosch y Joaquín Balaguer. Desde posiciones distintas y con visiones frecuentemente enfrentadas, ambos habían definido durante décadas el rumbo político del país. Sin embargo, el desenlace electoral de 1996 terminó proyectando a una nueva figura que asumiría el liderazgo de una generación.

 

Bosch veía llegar al Palacio Nacional al discípulo que había formado política e intelectualmente durante años. Balaguer, protagonista indispensable del desenlace electoral, también fue un actor determinante en aquella transición. En términos históricos, puede sostenerse que los dos líderes más influyentes de la segunda mitad del siglo XX terminaron facilitando, cada uno desde su propia posición, el ascenso de quien habría de convertirse en la principal referencia política del nuevo siglo.

 

La historia terminó dando a aquella elección una dimensión que pocos alcanzaban a comprender en ese momento. Leonel Fernández no solo ganó unas elecciones; inauguró una nueva forma de ejercer el poder. Su apuesta por la modernización institucional, la inserción internacional de la República Dominicana, la infraestructura, la tecnología y la transformación del Estado modificó la agenda nacional y desplazó el viejo debate político hacia una visión de desarrollo y competitividad.

 

Naturalmente, su trayectoria ha estado acompañada de críticas y controversias, como corresponde a toda figura que ha ejercido el poder durante largos períodos. Pero existe un hecho difícil de ignorar. Tenemos que admitir los dominicanos que desde 1996, ningún dirigente ha influido de manera tan sostenida en el rumbo político, económico e institucional del país como Leonel Fernández.

 

Por ello, la elección de 1996 no debe verse únicamente como un episodio electoral. Fue el momento en que la política dominicana cambió de generación. Fue el instante en que la antorcha del liderazgo pasó de los protagonistas del siglo XX al dirigente que marcaría buena parte del siglo XXI.

 

Con el paso del tiempo, serán los historiadores quienes establezcan la dimensión definitiva de su legado. Pero ya resulta innegable que Leonel Fernández ocupa un lugar central en la historia política contemporánea de la República Dominicana y que su participación en 1996 constituye uno de los acontecimientos más trascendentes de la democracia dominicana.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí